sábado, 21 de enero de 2012

Deja a la lluvia....

Deja que la lluvia lave tus culpas.
Deja que sus heladas gotas golpeen tu cara, mientras cierras los ojos y sonríes ante su cosquilleo.
Deja que los relámpagos te sorprendan con sus repentinas apariciones en el horizonte.
Deja que los truenos te estremezcan con su canción errante.



No puedo evitar emocionarme cada vez que llueve,  las gotas cayendo en mi techo me cuentan historias de amores imposibles, de corazones rotos, de besos robados y sueños no logrados.
No puedo evitar mirar a través del vidrio que se empaña y se tiñe de gotas huérfanas. Mas allá de la tormenta veo tu carita de ángel y me parece oir tu voz ... "Shhh, escucha las gotas sobre el techo" y un silencio cómplice que dejaba a la lluvia cantar su sinfonía.
La lluvia lava culpas... agua del cielo, lagrimas de ángeles... cae helada sobre la tierra sedienta. Cae despiadadamente sobre la testa de los penitentes, algunos corren a refugiarse, otros nos quedamos a recibir sus imperceptibles cachetadas... rogando que nuestros pecados se laven, que nuestros corazones se ablanden, soñando con un beso robado debajo del aguacero, temiendo ver esa figura gris alejarse sin importarle los charcos en la vereda.
La lluvia invita a volver a la niñez y salir a chapotear en los charcos. Me provoca danzar a su ritmo de vals con sus gotas marcando el compás.
 La lluvia propicia el amor de los cuerpos que se acarician al son de su canción arrulladora, que se aman con la fuerza del trueno y se deslumbran con la candidez del rayo.
La lluvia estruja corazones y resucita viejas historias, lava la tierra de la tumba donde las hemos enterrado y las deja en carne viva, expuestas a la tormenta, brillando como nuevas... aunque creíamos que las habíamos olvidado...

No hay comentarios:

Publicar un comentario