sábado, 27 de agosto de 2011

Requiem para un tupper

La única forma de sentir que cobro vida a media mañana es con el tecito que nos trae Luciana durante el recreo y las galletitas que guarde celosamente en un tupper. No tengo palabras para describir lo que esa delicia. El recreo es a las 10:00 am, para esa hora todavia la temperatura no ha salido de sus cifras bajo cero. Los niños salen disparados histericamente a jugar a la pelota y a las escondidas en el patio. Mientras que las profes los miramos y damos saltitos chiquititos en el lugar tratando de recuperar el calor. De vez en cuando relojeo la puerta de mi aula y cuando la veo abierta de par en par pego el gritito: "The doooooooooooor!!" Las nenas, que se amontonan al lado del calefactor, corren a cerrarla y se excusan "Miss, son los boys que la dejan abierta"
Y alli es donde baja Luciana con la bandeja llena de tazas con humeante te, y una sonrisa se dibuja en nuestras caras coloradas de frío.
Lejos de dar el buen ejemplo a mis alumnos, remojo mis galletitas en el te y las saboreo una a una. Mi tuppercito en el bolso, es un icono indiscutible de mis recreos a la mañana.
Hoy, mi tuppercito palmo... sucumbió ante las fauces de Coco. Yace mordisqueado, lleno de agujeros, deforme en mi tacho de basura. En un descuido, el tupper cuyo fondo albergaba unas migitas quedo al alcance de mi insaciable perro y su agudo olfato.
Un minuto de silencio para mi fiel compañero de recreos (y el tratamiento silencioso para el canino)... ya encontrare un reemplazo, aunque no sera lo mismo...

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