Si hay algo que he perfeccionado a través de todos estos años, es a pintarme una sonrisa como la del payaso.
Es mas, mi vida es como la del payaso. Mi actuación, mi arena, es el aula donde despliego mi magia, mis colores, mi fantasía.
Detrás de ese maquillaje hay un par de ojitos tristes, pero eso no importa. Esa tristeza es mi carga.
Producto de malas decisiones, de un pasado de testarudez y arrogancia, mala suerte quizás...
El show debe continuar, canta Queen... y así lo es cada mañana. Mientras tomo de a sorbotes un capucchino que pela la garganta, guardo mis libritos cuidadosamente en diferentes bolsos, me pinto una sonrisa de rouge, disimulo mis ojeras con angel face... y salgo a dar mi show en la arena de la vida... Mis ojitos tristes pasan desapercibidos entre tanto brillo de vocabulario y actividades interactivas... mi historia no la saben, ni la tienen que saber, solo importa que la clase este bien dada y que los alumnos aprendan jugando, riendo, divirtiéndose... con este payasito que renueva su sonrisa día a día... sonrisa de carmín, sonrisa de papel, sonrisa al fin.
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