Hace unos meses vino Cora a nuestro hogar, una mestiza de dogo y tajungapul. Corita era un sol, sus agudos dientes terminaron con los almohadones de mis sillones, mis cortinas, varios acolchados y se puede decir que todo lo que quedaba a su alcance. La gota que derramo el vaso fue esa tarde que llegue a mi casa y encontré que los perros habían encontrado la forma de abrir la alacena y habían dado rienda suelta a su necesidad oral, terminando con las provisiones de un par de semanas de mercaderías.
Mientras juntaba los pedazos de celofán y barría fideos secos, arroz, pan rallado y harina dije con gran pesar: "Cora, se va!!!" y Cora encontró un nuevo hogar, donde le dan mucho amor, atención y ademas... la tienen cortita.
Coco nuevamente fue amo y señor de la casa... por unos meses.
Una compañera de curso de html, es socia activa de A.P.A Plottier, devota de los derechos de los animales, me contó historias terribles sobre la crueldad que se le infringe a los animales en esta ciudad. Allí termine yo, en los caniles de APA, adoptando a "Morocha" Una perra mestiza que parece un bonsai de ovejero belga.
Morocha fue abandonada en la plaza de Plottier, paso hambre, frió y fue pateada y maltratada por decenas de humanos...
A la semana de tener a Morocha, empece a notar ciertas cosillas que sucedian en casa... muy similar al M.O. (modus operandi) de Corita. Almohadones masticados, tupper destrozados... tachos de basura asaltados...
Después de una ardua investigación digna de Sherlock Holmes, mi querido Watson he llegado a la terrible conclusión de que Corita se fue en vano.... las evidencias muestran que la culpa de semejante vandalismo canino... la tiene Coco...
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